Acompáñenme en un recorrido por Talamanca. Soy Yocelyn Vindas, Trabajadora Social en IMAS
Acompáñenme en un recorrido por Talamanca. Soy Yocelyn Vindas, Trabajadora Social en IMAS
- Un relato sobre la incursión en territorio indígena. "Más allá de cumplir con la meta propuesta de visitar los hogares de aquel listado, esta gira permitió analizar aspectos de mejora en los procesos y la necesidad de contextualizar las atenciones que se brindan a la población de los territorios".
- "Terminé la gira con una absoluta gratificación pues no solo había cumplido el reto, sino que lo había hecho con el corazón lleno de afectos por las personas que atendí." Yocelyn Vindas Astúa, Trabajadora Social en el IMAS.
Relato de Yocelyn Vindas Astúa, Trabajadora Social de IMAS destacada en Talamanca.
A continuación les comparto esta travesía, la cual completé con mi compañero Walter Sánchez, Asistente Social Bribri y trata sobre nuestra incursión en el interior de los territorios indígenas en Talamanca. Nuestra labor es brindar atención a los hogares lejanos y de difícil acceso, sin embargo, al volver pudimos notar, con el corazón lleno, que no somos los mismos, hemos cambiado para bien, para ser mejores en cada aspecto de vida.
De dónde partimos
Durante el mes de setiembre, como parte de los procesos de articulación con las comunidades, se programaron espacios de diálogo con la asociación Dawepa Wakpa, la cual está presente en el territorio Bribri y que tiene como objetivo la defensa y protección de los derechos de las personas indígenas con condición de discapacidad.
Estos espacios incluyeron la revisión de listados, en los que la asociación ha mapeado a los hogares y personas con condición de discapacidad, por lo que se concluyó que una de las acciones importantes por realizar, sería la incursión dentro del territorio para la aplicación de instrumentos de BAREMO de valoración de dependencia, priorizando para este año 2024, los hogares de las comunidades más alejadas y remotas, dando como resultado la definición de una ruta de trabajo para los días 29, 30 y 31 de octubre en las comunidades de Corbita, Duriñak, Cachabri, Alto Katsi y Namuwoki.
Día 1 Corbita, tanteando el terreno
Programar esta gira no resulta complejo cuando se tiene el apoyo de compañeros de trabajo como Walter Sánchez, asistente social indígena Bribri, quien posibilitó el contar con un lugar para el hospedaje, además de coordinar con la asociación presente en el territorio para poder anunciar a las hogares de la realización de las visitas.
Siendo así, el día 29 de octubre a eso de las 6:00 de la mañana ya tenía la mochila cargada con lo necesario, no solo había que prepararse con ropa, bolsa de dormir, papelería y alimentos, sino que además cargué conmigo una convicción: cumplir con el reto y entregar en cada hogar la mejor atención que pudiera brindar.
Para llegar a Corbita es necesario tomar un bus de transporte público desde el centro de Bribri que nos lleva hasta el puerto de Suretka, se cruza en bote el Río Telire y ya del otro lado, tomamos un transporte a la Escuela de Cachabri, desde donde inicia la caminata a la comunidad vecina, Corbita. Allí recorrimos nuestros primeros 6 kilómetros, entre barro, “metidas de pata” en la quebrada y sonrisas amables de los vecinos, concluimos la jornada.
Antes de caer la noche, visitamos el Río Lari en el puerto de Sös y con aquella energía de la naturaleza reflexioné sobre los aprendizajes del día, se hizo evidente que era necesario aprender lo básico del idioma Bribri, ya que si bien mi compañero de gira traduce e interpreta, era necesario generar una mayor conexión con la personas, por ello, Walter me enseñó a decir mi nombre, a saludar, a despedirme y sobre todo, agradecer.
Día 2 Duriñak, superando desafíos
La aventura del día 30 de octubre inició muy temprano, a eso de las 5:00 de la mañana ya estábamos tomando café y preparando todo para salir, una última vista hacia la montaña para descartar las lluvias y salir a la que sería la caminata más larga de la gira, poco más de 12 kilómetros para ir y regresar hasta el hogar de una pareja de adultos mayores en la comunidad de Duriñak.
Hay que admitirlo, con frecuencia cuesta un poco de trabajo reconocer los méritos propios, por ello en el camino y con el termómetro de la primera subida montaña arriba, me cuestioné si estaba preparada para ello, ¿qué pasaría si no? pero continuamos caminando. En aquel camino que se abre paso entre quebradas, “escaleras” de roca y las más hermosas vistas, mi compañero de gira relataba historias sobre la cultura Bribri y sin darnos cuenta, llegamos hasta un punto muy cerca de nuestro objetivo.
Relatar esta historia no estaría completa sin mencionar el desafío de cruzar el rio por el andarivel, puesto que no es únicamente intimidante, sino que nos hace cuestionarnos sobre la realidad de las personas que habitan estas comunidades y que con frecuencia deben utilizarlo, comprendemos viviendo estas experiencias, que del otro lado del escritorio hay un sin fin de historias y realidades que no alcanzamos ni a imaginar, eso necesariamente nos vuelve mucho más sensibles, más humanas y humanos.
La tarde cerró con lluvia durante las últimas visitas y culminamos la jornada recorriendo poco más de 17 kilómetros en total, de regreso el cansancio se hacía sentir, pero era más grande el sentimiento de satisfacción por el trabajo realizado, aun nos quedaba un día de gira y mucho más aprendizajes.
Día 3 Namuwoki, reflexionando sobre lo recorrido
El día 31 de octubre llegó el final de la gira, desde muy temprano el vehículo institucional nos trasladó hasta el puerto de San Juan donde cruzamos el río, del otro lado, el personal de ADITIBRI, con el que habíamos coordinado, nos trasladaron en motocicleta hasta el punto más cercano para iniciar nuestra caminata, de nuevo esto nos llama a considerar, ya que en estas comunidades no existe un transporte público, que las opciones de la población se basan en caminar varios kilómetros o bien pagar transportes particulares.
Este día mis pies estaban más cansados, mientras caminamos entre una visita y otra, Walter y yo coincidimos en la importancia de realizar estos procesos de acercamiento con la realidad de las poblaciones, en tomar el tiempo necesario y tener siempre calidez y sensibilidad cuando se interviene con situaciones tan difíciles como aquellas a las tuvimos acceso. Cuando nos dimos cuenta, habíamos concluido las visitas y solo nos restaba regresar.
Namuwoki fue el cierre de una gira, que al principio era emocionante como una aventura, pero que resultó ser un camino de reflexión y de introspección, más allá de cumplir con la meta propuesta de visitar los hogares de aquel listado, esta gira permitió analizar aspectos de mejora en los procesos y la necesidad de contextualizar las atenciones que se brindan a la población de los territorios, estos aprendizajes enriquecen el quehacer profesional y personal, terminé la gira con una absoluta gratificación pues no solo había cumplido el reto, sino que lo había hecho con el corazón lleno de afectos por las personas que atendí.




